lunes, 24 de julio de 2017

Medellín - Cartagena de Indias - Santa Marta - Bahía Solano

Julio ha sido sinónimo de muchas cosas, entre ellas, de viajes para descubrir nuevos rincones de este bello país que es Colombia. 


El recorrido empezó por Medellín el 9 de julio, donde, siguiendo los consejos de mi compañero Jonathan, fui a visitar el Jardín Botánico de la ciudad. He de decir que es realmente impresionante! Sin dudarlo, uno de mis lugares favoritos de la capital antioqueña. También aproveché para ir a visitar (por fin) el Hard Rock Café de la ciudad.










A continuación, vino Cartagena de Indias (Bolivar), en el Caribe colombiano, uno de los puertos más importantes de América durante toda la época colonial española. De esta época procede mucho de su patrimonio cultural en la ciudad antigua. Por otro lado, está la “nueva Cartagena” como la llamo yo, la pequeña Miami como la llaman los Cartageneros. Así que, aunque la ciudad sea un lugar que vale la pena ver, un par de días bastan para recorrerla (a no ser que uno venga a hacer turismo de sol y playa). Evidentemente, allí también hubo visita al Hard Rock Café... y sorpresa!





















Rumbo a Santa Marta (Magdalena) en bus, atravesando la paradójica Barranquilla. Sobre Santa Marta he de hacer un apunte sobre el hotel: La Casa del Escritor: un hotel situado muy cerca del centro, ambientado en los libros y cuyo dueño también es autor. Frases en las paredes, libros en el ambiente común y en las habitaciones, y temas de conversación con el encantador personal del establecimiento entorno a libros, autores (y turismo local). Y sí, un ejemplar de Las Sendas de la Felicidad se quedó por allí.
Lo único que se pudo hacer por la región debido a las distancias y los horarios de vuelos fue el Parque de Tayrona: un largo paseo por la selva y las rocas, donde uno puede ver desde hormigas laborando hasta monos, hasta llegar a Cabo San Juan, una playa “paradisiaca” para algunos y llena de turistas.















Después de unas horas de retraso, se llegó finalmente a Bahía Solano, Chocó, donde allí también tengo que mencionar el hotel: Posada del Mar Bahía Solano, donde uno tiene opción a dormir en confortables cabañas, como en un camping, rodeado de plantas, flores y animales de todo tipo (hecho para gente algo aventurera). El tour para ver las ballenas jorobadas fue organizado por el propio hotel y, después de unas tres horas fotografiando a familias de ballenas, incluso con algún “pequeñito”, nos llevaron a la bonita Playa Huina (esta sí que es una playa paradisiaca) y volvimos a recorrer la selva durante unos veinte minutos hasta llegar a una cascada de agua cristalina y fresca. Las puestas de sol de Bahia Solano también son impresionantes.


























El regreso a Quibdó no fue sin más peripecias, pues la compañía no tenía aviones cuando llegué y luego se tuvo que cerrar el aeropuerto local debido al mal tiempo, hasta que en cuanto volvió a abrir, decidí coger un vuelo charter que sí volaba a pesar de la tormenta que seguía desatada por la región. Pero tenía que regresar cuanto antes: si uno no arriesga, no gana, así que me monté en la avioneta y en media hora estaba otra vez en la capital chocoana. Una nueva experiencia para recordar!!


¡¡Espero vuestros comentarios!!


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