lunes, 7 de agosto de 2017

Amanecer en Quibdó

El sol recién se levantó sobre el río Atrato
La ciudad todavía en silencio, reina la calma
Tan solo se oye el chapoteo del agua que nunca se detiene
Incansable, sigue su curso hacia su desembocadura, kilómetros más arriba
El sol se levanta y los destellos de luz que producen sus rayos en ella se reflejan.

Poco a poco, la vida parece renacer,
Sinfonías de colores y olores llenan las calles:
Los pescadores y recogedores de fruta regresan al puerto en sus botes,
Pronto todos se afanan en el mercado y la veintiséis
Para ofrecer lo que la naturaleza les brindó en esa madrugada.

El silencio se detuvo,
Carros, motos y buses llenan las calles,
Mientras los vendedores usan sus megáfonos
Para convencer a los transeúntes
Que su oferta es la mejor.

La brisa corre ligera
Después de una noche de intensa lluvia.
Hoy hará calor.
Las blancas nubes le dan tregua al azul del cielo,
El Atrato es su espejo.

La bella Catedral San Francisco de Asis,
Que reúne tantos estilos,
Tiene todas sus puertas abiertas
Llega a mis oídos
La misa que allí se dice.

Cuando el sol dé paso a la noche
Regresará la calma.


Quibdó siempre tendrá un lugar especial en mi corazón.


jueves, 3 de agosto de 2017

Conexiones

Y allí estabas tú, observándome mientras yo me sentía incapaz de apartar los ojos de tu mirada color café, al igual que me resultaba imposible no corresponder a tu sonrisa con otra. 
Desde el primer instante en el que nos vimos, una conexión especial fluyó; desde que hablamos, la impresión de conocerte desde siempre.


lunes, 24 de julio de 2017

Medellín - Cartagena de Indias - Santa Marta - Bahía Solano

Julio ha sido sinónimo de muchas cosas, entre ellas, de viajes para descubrir nuevos rincones de este bello país que es Colombia. 


El recorrido empezó por Medellín el 9 de julio, donde, siguiendo los consejos de mi compañero Jonathan, fui a visitar el Jardín Botánico de la ciudad. He de decir que es realmente impresionante! Sin dudarlo, uno de mis lugares favoritos de la capital antioqueña. También aproveché para ir a visitar (por fin) el Hard Rock Café de la ciudad.










A continuación, vino Cartagena de Indias (Bolivar), en el Caribe colombiano, uno de los puertos más importantes de América durante toda la época colonial española. De esta época procede mucho de su patrimonio cultural en la ciudad antigua. Por otro lado, está la “nueva Cartagena” como la llamo yo, la pequeña Miami como la llaman los Cartageneros. Así que, aunque la ciudad sea un lugar que vale la pena ver, un par de días bastan para recorrerla (a no ser que uno venga a hacer turismo de sol y playa). Evidentemente, allí también hubo visita al Hard Rock Café... y sorpresa!





















Rumbo a Santa Marta (Magdalena) en bus, atravesando la paradójica Barranquilla. Sobre Santa Marta he de hacer un apunte sobre el hotel: La Casa del Escritor: un hotel situado muy cerca del centro, ambientado en los libros y cuyo dueño también es autor. Frases en las paredes, libros en el ambiente común y en las habitaciones, y temas de conversación con el encantador personal del establecimiento entorno a libros, autores (y turismo local). Y sí, un ejemplar de Las Sendas de la Felicidad se quedó por allí.
Lo único que se pudo hacer por la región debido a las distancias y los horarios de vuelos fue el Parque de Tayrona: un largo paseo por la selva y las rocas, donde uno puede ver desde hormigas laborando hasta monos, hasta llegar a Cabo San Juan, una playa “paradisiaca” para algunos y llena de turistas.















Después de unas horas de retraso, se llegó finalmente a Bahía Solano, Chocó, donde allí también tengo que mencionar el hotel: Posada del Mar Bahía Solano, donde uno tiene opción a dormir en confortables cabañas, como en un camping, rodeado de plantas, flores y animales de todo tipo (hecho para gente algo aventurera). El tour para ver las ballenas jorobadas fue organizado por el propio hotel y, después de unas tres horas fotografiando a familias de ballenas, incluso con algún “pequeñito”, nos llevaron a la bonita Playa Huina (esta sí que es una playa paradisiaca) y volvimos a recorrer la selva durante unos veinte minutos hasta llegar a una cascada de agua cristalina y fresca. Las puestas de sol de Bahia Solano también son impresionantes.


























El regreso a Quibdó no fue sin más peripecias, pues la compañía no tenía aviones cuando llegué y luego se tuvo que cerrar el aeropuerto local debido al mal tiempo, hasta que en cuanto volvió a abrir, decidí coger un vuelo charter que sí volaba a pesar de la tormenta que seguía desatada por la región. Pero tenía que regresar cuanto antes: si uno no arriesga, no gana, así que me monté en la avioneta y en media hora estaba otra vez en la capital chocoana. Una nueva experiencia para recordar!!


¡¡Espero vuestros comentarios!!